Salí del instituto desesperada, no llevaba un buen día que digamos, primero lo del vaso y luego cuando me pidieron hacer un problema en física y no supe hacerlo. Eric llegó segundos después acompañado de Jimmy, se despidieron con un golpe en la espalda, demasiado fuerte según yo, y Eric y yo comenzamos a hablar mientras que venían los irlandeses.
-¿Sabes? –le pregunté en un tono burlón- ya sé cómo me vas a devolver el favor de las clases particulares que te estoy dando, si es que pueden llamarse así claro.
-¿A sí? –me contestó riendo- arranca entonces.
-Me vas a llevar a San Francisco –hice una pausa para dejar caer la mejor parte con una sonrisa traviesa-, ahora.
-¿Ahora? –debía estar pensando en qué clase de golpe me había dado hoy en la cabeza.
En ese momento llegaron los irlandeses y entonces no hubo más que hablar, yo sonreí victoriosa.
-Pues ya está todo dicho, vámonos –dijo él.
Ryan y Niall no entendían nada pero se montaron en el asiento trasero del coche mientras que yo me sentaba en el del copiloto junto a Eric. Comenzaron a preguntar dónde íbamos cuando nos incorporamos a la autovía pero nosotros solo reíamos y decíamos “cosas nuestras” o “ya veréis”.
En menos de un cuarto de hora ya vimos el cartel que decía “Bienvenidos a San Francisco” y Niall y Ryan comenzaron a gritar como locos. Nos adentramos en la ciudad y Eric aparcó cerca del centro de San Francisco. Nos bajamos, los irlandeses no paraban de mirarlo todo y se quedaron detrás de nosotros.
-Veo que te has apuntado –le dije a Eric, los irlandeses no nos echaban cuenta, simplemente nos seguían mientras lo miraban todo.
-No podía dejar que Ryan se quedara sin ver San Francisco, sólo he aprovechado ya que estamos aquí, ¿vamos a un Starbucks y luego cada uno por su cuenta? –sonrió al decir esto último.
-Trato hecho –le dije riendo yo también y acto seguido le propiné un puñetazo en el hombro.
-¿Nikki? –preguntó como reacción al puñetazo-, ¿y eso a qué viene?
-Es lo que los tíos hacen, ¿no? –le respondí sonriente mientras mantenía la puerta del Starbucks abierta para que todos pasaran.
-Lo que tú digas –rió conmigo.
Le había vendado los ojos a Niall después de haber estado recorriendo todo el centro de la ciudad tras despedirnos de Eric y Ryan a la salida del Starbucks y quedar para cenar e irnos. Estábamos cansados de tanto andar y decidimos ir a un lugar a descansar hasta que llegara la hora de cenar. Casi la mitad del trayecto desde el centro hasta donde nos encontrábamos ahora lo habíamos hecho entre risas evitando que Niall se chocara con algo o con alguien.
“Ya hemos llegado”, le dije emocionada. Segundos después le quité mi pañuelo que le había colocado para taparle los ojos. Los cambios entre el antes y el después eran notables. Nos encontrábamos sobre una colina llena de árboles, en una zona despejada había un banco, nosotros estábamos delante de él, de pie, inmóviles, y justo en frente, bueno, ya sabréis qué había justo en frente. El tiempo que había transcurrido podía notarse por el color del cielo, éste había tomado tonos anaranjados, el sol rozaba el horizonte provocando el momento más bonito del día, pero lo más bonito de todo era esa estructura de metal rojo que se alzaba sobre la bahía de San Francisco, justo enfrente de nosotros. El Golden Gate.
Niall se quedó varios segundos mirándolo sin decir nada, callado a más no poder.
-Y bueno… ¿te gusta? –le pregunté esperando si había acertado en traerlo aquí justo hoy, en este momento del día, cuando el color rojizo del puente conjuntaba con el cielo. La imagen desde luego, era preciosa.
-Me encanta. Nunca imaginé que yo pudiera estar aquí.
-Este es mi lugar favorito de todo San Francisco, nunca viene nadie por aquí y sólo se escucha el lejano bullicio de la ciudad. A veces cojo un autobús y me paso horas aquí. ¿Ves ese banco? –dije mientras volvía la cabeza y lo señalaba con la mano-, estaba oxidado, un día me traje un bote de pintura y lo pinté.
-Todo esto es… es como un sueño, parece una película. Juro que en las fotos este puente parece mucho más chico de lo que es en realidad.
Le sonreí, alegre de que le hubiera gustado aquel lugar que significaba tanto para mí, y que a partir de ahora significaría mucho más. Ambos teníamos prácticamente los mismos gustos y congeniábamos en casi todo, no era de extrañar que aquel lugar le gustara tanto como a mí.
-Vamos a sentarnos –dije mientras me dirigía hacia al banco dispuesta a sentarme y ver el atardecer junto a él por primera y última vez en mi vida, a no ser que alguno de los días de la semana siguiente él quisiera volver a repetir la experiencia.
En lugar de seguirme, él me tomó de la mano antes de que me alejara más de él. Me volvió a colocar en el lugar dónde estaba y me miro fijamente a los ojos.
-Antes quiero hacer algo.
No me había soltado la mano aún, lo miré a los ojos, éstos brillaban con la luz del atardecer. Tiro de la mano y me atrajo hacia sí, me coloco la otra mano en la cadera y la fue deslizando hacia detrás de mi espalda mientras que la distancia entre nuestros cuerpos iba disminuyendo lentamente. En un momento dado pude sentir como su aliento chocaba contra mi rostro y como el mío chocaba contra el suyo. Su mano comenzó a subir por mi espalda hasta llegar a tocar mi cuello, enredándose entre mi cabello. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y nuestros cuerpos chocaron sin producir ningún rebote, actuaron como lo hacen dos imanes del polo opuesto, quedándonos pegados. Otro escalofrio volvió a recorrer mi cuerpo cuando lo miré a los ojos, éstos expresaban más que mil palabras. Yo cerré mis ojos con fuerza, y sorprendentemente sus brazos me soltaron, pero nuestros cuerpos quedaron pegados. Estaba pensando que era lo que le iba a decir cuando segundos más tarde sus manos sujetaron con suavidad mi cabeza y sus dedos rozaron mis mejillas. No me dio tiempo a sentir nada cuando algo suave rozó mis labios, no era ningún beso, eran sus labios contra los míos, simplemente eso. Abrí los ojos y él separó su rostro del mío para mirarme. Una lágrima escapo veloz de mis ojos vidriosos y chocó con uno de sus dedos en mi mejilla, él la secó e hizo que desapareciera. Mientras lo miraba fijamente él cerro sus ojos y volvió a acercar su rostro al mío. Nuestros labios volvieron a rozarse y entonces los suyos se abrieron dando paso a su lengua, que pedía entrar entre mis labios. Éstos cedieron y su lengua entró en mi boca, explorando lo desconocido, hasta que se encontró con la mía y ambas se entrelazaron. Continuamos así durante lo que pareció una eternidad, yo no quería que ese momento acabase nunca. Cuando abrimos los ojos y nos separamos la luz que quedaba del día había desaparecido, la única luz presente era la de la Luna y las estrellas reflejadas en la bahía de la cuidad.
Esa noche soñé con Niall y me desperté inquieta y acalorada, el hecho de que él estuviera dormido justo debajo de mí me ponía más inquieta aún. Bajé la escalera de la litera temblorosa, sin saber si el despertador lo habría despertado ya, pero no era sí, él aún dormía. Estiré mi brazo en la oscuridad para despertarlo con suavidad y vi como temblaba frenéticamente al contraluz de la pequeña claridad que se colaba por la ventana. ¿Qué me pasaba? ¿A qué se debía esa inquietud y nerviosismo? Ni yo misma lo sabía.
Me agaché un poco para despertarlo y en medio del sueño Niall se giró y su cara quedo frente a la mía. Suspiró. Su suspiro se me coló por la nariz para llegar a mis pulmones y de repente me entraron unas enormes ganas de besarlo, pero no podía. Cerré los ojos y lo zarandeé suavemente con mi mano temblorosa mientras él se removía entre las sábanas.
-Vamos Niall, ya ha sonado el despertador –mi voz también reflejaba la inquietud que sentía, era como si le hablara a un extraño. Niall abrió los ojos y se topó con mi mirada, sonrió y luego se destapó. Yo, que aún seguía mirándole, me volví para coger sus muletas y dárselas.
-No hace falta –me dijo somnoliento.
-¿Ya no las vas a usar más?
-No, ya no me duele. Sólo siento una pequeña molestia al forzar el pie.
Abrí un poco la persiana, pero no demasiado, cogí la ropa que me iba a poner y entré en el baño.
Salí 15 minutos después, Niall ya se había vestido y me esperaba sentado en la silla del escritorio para bajar a desayunar. Sonrió al verme y yo le correspondí con otra sonrisa, una de esas que no hacen ruido y que se pueden ver incluso en la oscuridad.
Bajamos a la cocina y Niall se sentó en una de las sillas que rodeaban la redonda mesa colocada justo en el centro. Me acerqué al armario a por un par de vasos; mi mal pulso seguía haciendo acto de presencia. Justo en el momento en el que Niall susurró mi nombre uno de los vasos se me deslizó de entre las manos, o más bien dicho, la mano y la escayola, y mil trozos de cristal quedaron esparcidos por el suelo de la cocina. Niall me miró de hito en hito, con los ojos abiertos como platos, se había asustado tanto o más que yo por el incómodo ruido que había producido el vaso al caer.
-Mierda –susurré mientras Niall reaccionaba.
-No te muevas, estás descalza y te vas a cortar.
Niall se levantó y desapareció de la cocina pero enseguida apareció Mark y su don de la curiosidad.
-¿Qué ha pasado? –dijo riéndose.
-Te aconsejo que te vayas antes de que descargue mi furia sobre ti.
Justo en ese momento apareció Niall con un cepillo y un recogedor en las manos, se rió fijando su atención en mi hermano.
-Hazle caso Mark –él volvió a reír y Mark desapareció escaleras arriba.
Niall recogió los cristales que había a mi alrededor y me acercó un par de zapatillas, mis preferidas. Sabía perfectamente que no eran Vans, esa imitación ni siquiera se acercaba a serlo pero yo sabía más perfectamente aún que mis padres no podían pagarme un capricho así habiendo otras prioridades.
Me las puse y luego ayudé a Niall a recoger el resto de los pequeños cristales. Luego cogí otro vaso, cogí un cartón de leche y mientras llenaba los dos vasos, Niall se percató del temblor de mi mano.
-Nikki, ¿qué te pasa?
-Eh, ¿a mí? –pregunta estúpida, ¿quién si no?-, a mí no me pasa nada.
-Mientes -me dijo mientras me miraba fijamente. Esa palabra me cayó como un jarro de agua fría; me enfurecí conmigo misma por cómo me encontraba esa mañana, por reprimir mis sentimientos y por callar lo que con tantas ganas quería decirle. Y además lo pagué con él.
-¿Cómo puedes decir eso? –mi voz era casi un grito-, no me conoces. Llevas aquí menos de una semana y ya crees que lo sabes todo sobre mí, pero eso no es así. Sí, puede que tal vez sepas cosas que nadie más sabe, pero solo eso, y no por ello tienes que creer saber si me pasa algo o no. Hay un montón de cosas más que aún no sabes sobre mí –me apoyé en la pared dejándome caer hacia el suelo, estaba hundida y dejé que mi cuerpo inerte se deslizara lentamente por la pared hasta llegar al suelo. Una vez sentada en él doblé mis rodillas y apoyé mi cabeza sobre ellas, dando comienzo a una especie de llanto silencioso.
-Pues acabas de demostrarme que sí te pasa algo.
Sus pisadas se acercaban hacia mí pero en ese mismo instante sonó el timbre y las pisadas pasaron por mi lado sin detenimiento alguno, salieron por la puerta de la cocina hasta que pude escuchar el chirrido de la puerta principal y el saludo de Eric. Las pisadas volvieron a la cocina y levanté la vista, Niall estaba cogiendo un trozo de papel y cuando terminó de arrancarlo me lo dio en las manos, me miraba con gesto dolido.
-Sécate las lágrimas, Eric y Ryan ya están ahí.
Niall se dirigió a la puerta principal y se quedo de pie junto a ella, esperando a que yo saliera para cerrarla. Me sequé las lágrimas, tiré el papel y me agaché en el hueco de la escalera para recoger mi mochila, una vez puesta pasé junto a su lado y me paré para mirarlo a los ojos.
Un “lo siento” emergió de mi boca en forma de susurro y mi mirada cayó al suelo a modo de disculpa, todo ocurrió rápida e involuntariamente, casi podría decir que alguien estaba manejando mi cuerpo y hacía lo que se le antojaba con él.
-No pasa nada –me respondió él dándome un pequeño empujoncito para que saliera y cerrando la puerta tras nosotros, comenzamos a caminar por el camino de piedras marcado sobre el césped-, sé lo que te está pasando y créeme, conozco esa situación.
¿Cómo? Perdona Niall pero, ¿a qué te refieres? ¿Es que acaso me ves como algo más que una amiga?
No me di cuenta de que me había quedado parada mientras Niall continuaba caminando, mi rostro se empalideció levemente y acto seguido tomó un color rojizo.
-Vamos Nikki, nos están esperando –Niall me sonreía desde varios pasos por delante mía, cómplice de algo. Y ese algo era mío, por lo tanto, era mi cómplice.
¿Qué iba a pasar ahora? Quizás me estaba perdiendo en mi mundo y estaba inventando fantasías donde no había nada. ¿Qué pasaría si de repente despertara sudorosa y Niall no existiera? Si todo esto fuera un sueño puedo asegurar que preferiría morir.
Lo miré fijamente a los ojos, forzándolo a dar un explicación de lo último que había dicho, pero parecía haberse quedado mudo en cuestión de segundos.
-No es cierto. Sé que cualquier chica a la que le digan que le gusta a un chico diría eso, pero no es mi caso. Sólo somos amigos y nada más, es imposible que le guste si nos conocimos el domingo –mentira, yo misma sabía que estaba mintiendo, yo misma me estaba contradiciendo. Sí era posible, porque ese chico me revolvía el estómago, ese chico al que apenas conocía me hacía sentir feliz cuando todo iba mal, con solo dedicarme una sonrisa conseguía sacarme de mis pensamientos para que él fuera el centro de todo mi mundo, estaba empezando a notar esas mariposas que muchos creen sentir cuando se enamoran. Sí, casi sin quererlo me estaba enamorando de un chico que vivía a ocho horas de mí. A unos 8000 kilómetros.
-No puedes decir eso y luego sonreír como una tonta Nikki, se te ve el plumero –sus palabras me dejaron atónita.
-¿Qué plumero se me está viendo? –respondí con la voz lo más firme posible para erradicar esas sospechas.
-Que a ti también te gusta él.
Aquel chico que apenas conocía tenía razón; ese que no sabía nada de mí, bueno, ahora había algo que sí sabía de mí.
Agaché la cabeza con vergüenza, escondiéndola entre mi cabello rubio.
-¿Tanto se nota? –mi voz juguetona resonó en la habitación y tanto Eric como yo comenzamos a reírnos. Cuando ya conseguía calmarme él volvía a reírse y con su risa mis carcajadas volvían a hacer acto de presencia, y así varias veces.
-¿Por qué te cuesta tanto admitirlo? –dijo cuando por fin conseguimos calmarnos.
-¿Admitir que me gusta? –respondí aún sabiendo perfectamente a lo que se refería, mientras intentaba buscar una respuesta que no pareciese absurda.
-Sí.
-Pues… -no se me ocurría nada, así que confesé-, me da miedo.
-¿Miedo? ¿Qué te da miedo? ¿Te da vergüenza?
-No, he dicho que me da miedo. Me da miedo que él a mi me rechace, que nuestra relación cambie. ¿Sabes? Me gusta cómo somos ahora, nuestras bromas, nuestros juegos, nuestras indirectas… Me da miedo que si le digo que me gusta todo eso cambie; prefiero soportar este sentimiento y llevarnos así a que él deje de hablarme porque yo no le guste, a que se vuelva frío conmigo; o en el caso de que yo sí le guste a él, que nuestra relación sea más seria, que deje de tomarse a broma todo por el hecho de que seamos algo más que amigos. A mí me gusta nuestra relación de amigos –hice una pause, tomé aire y continué-: pero lo que más miedo me da es perderlo. Que él se vaya a Irlanda y yo vuelva a estar sola, como los días anteriores a su llegada. Miedo por saber que él allí puede enamorarse de otra y olvidarme. Todo eso me da miedo, la distancia como lo que más.
Se produjo un eterno silencio, a diferencia de en numerosas ocasiones éste no era un silencio incómodo. Se escuchaban las voces de Niall y Ryan por la ventana. Sonaban como si se dirigieran hacia nosotros así que volví la vista y los vi subidos a la casita del árbol en la que solía pasar la mayoría del día cuando era pequeña, esa casita que me había construido mi padre hacía muchos años y que nos habíamos encargado de pintarla de un amarillo claro. Ahora el color estaba desgastado del paso del tiempo y de la lluvia y el viento, los dos irlandeses estaban sentados en una esquina con los pies colgando, nos miraban y se reían.
-¡Nikki, te quiero! –gritó Niall con fuerza para que pudiésemos oírlo. Por un momento se me paró el corazón, una sonrisita tonta apareció en mi rostro y Eric comenzó a reírse de mí.
-¡Yo también a ti Eric, ¿me prometes qué siempre estaremos juntos?! –gritó esta vez Ryan, intentando poner voz de chica.
Mi corazón volvió a tomar fuerza y a latir, mi cabeza se dio cuenta que las palabras de Niall no eran para mí, simulaban la voz de Eric y tomaban un papel que no estaba ocurriendo pero que los dos irlandeses se empeñaban en sacar a relucir. La risa de Eric cesó, se sacó algo del bolsillo y lo escondió en su mano, luego se acercó a la ventana y se lo tiró a Ryan y a Niall. Se escuchó el quejido de Ryan.
-¡Graciosos! –gritó Eric-, ¡Qué sois unos graciosos! A ver si os caéis. No sé como mierda has subido a Niall ahí Ryan pero bájalo antes de que se rompa la otra pierna.
Se volvió para sentarse otra vez a mi lado. Estaba muy callado y avergonzado por la escenita que acaban de montar nuestros corresponsales, ahora sí que había un silencio incómodo, hasta que yo lo rompí.
-¿Sabes?, por un momento pensé que Niall me lo decía en serio. Solo hubieran faltado tres segundos más para que me levantara y le dijera que yo a él también -le dije con tristeza.
-Deberías haberlo hecho, no se lo hubiera esperado.
-Y me hubiera puesto en ridículo cuando me hubiera dado cuenta de que estaban imitándonos.
Eric recogió sus cosas y se puso de pie, lo acompañe hasta la puerta de entrada. Niall y Ryan llegaron enseguida y se formó un círculo de cuatro personas. Eric me sonrió.
-Recuerda lo que te he dicho –cogió a Ryan del brazo y se fue.
-¿Qué te ha dicho el morenito? –me preguntó Niall cuando su coche dobló la esquina.
-¿El morenito? –comencé a reírme al saber el mote que le había puesto a Eric-, nada que a ti te incumba.
-Seguro… -dijo en un susurro desconfiado y entró a la casa. Yo me quede en la puerta durante unos segundos, sonriendo por todo y a la vez por nada.
Vengo a avisaros de que la semana que viene se quedan sin ningun capitulo nuevo porque: (redoble de tambores) ME VOY A PARIS UEEEEEEEEEEE :D (minifiesta de cinco segundos) ñeskjfoilfj y pues eso que ni podre escribir ni subir ni nada, lo sientoooooo :( pero cuando vuelva ya se aclarara lo que ha dicho Eric, adiooooos un saludo a todas y sean felices djklfjklfnsñ<3

Jueves. 8:25 am. Puerta del instituto. Llegamos cinco minutos antes de que comenzaran las clases, los irlandeses estaban en la puerta y al ver a Niall se acercaron a él para preguntarle que le había pasado; yo seguí andando, entré en el instituto y me paré en mi taquilla para sacar los libros de esa hora. Una voz masculina sonó a mis espaldas. Me giré para ver de quien se trataba. Eric Murray.
-Ey Nikki –me saludaba con una sonrisa- ¿cómo te va con tu brazo?
-Pues mira, aquí está –le dije mientras lo subía para mostrárselo-, y aquí estará durante dos meses más.
-¿Dos meses? –preguntó sorprendido.
-Me he roto el cubito y el radio.
-Vaya, Niall solo tiene un esguince ¿no?
-Sí, en varios días ya podrá dejar las muletas, es muy leve.
-Aaaah… –ambos quedamos en un silencio muy incómodo durante unos segundos, hasta que él tomó la palabra-, ¿y cómo vienes al instituto? Porque, ¿no puedes conducir cierto?
-No, hoy hemos venido andando, tampoco está tan lejos.
-Si quieres puedo pasar a recogeros, ya sabes que me pilla de camino –me lo ofreció con mucha amabilidad pero no podía aceptarlo, no quería ser una carga para nadie y mucho menos para alguien que casi no conocía.
-Muchas gracias pero creo que es mejor que vaya andando, no me gustaría ser un estorbo.
En ese mismo momento sonó el timbre que indicaba el comienzo de una larga mañana de clases. James Aston, uno de sus amigos y jugador del equipo de fútbol lo agarró del brazo llevándoselo con él a su primera clase de la mañana.
-¡A las ocho y cuarto estoy en tu casa! –me gritó al darse la vuelta mientras seguía andando, yo asentí con la cabeza y sonreí. Era muy amable.
Al salir, no habíamos andado ni cien metros cuando Eric apareció con su coche y nos recogió. Quedamos a las seis para yo ayudarle con biología, pero esta vez él vendría a mi casa con Ryan. Al llegar me subí a mi habitación a estudiar mientras esperaba a que llegara Eric pero me cansé enseguida y encendí el equipo de música y me puse a bailar y a cantar como una loca. A los pocos minutos llegó Niall que se unió a mí haciendo de DJ. Parecíamos dos locos jugando a ser pequeños.
La música estaba demasiado alta y nosotros gritábamos lo más fuerte posible, di un giro intentando imitar a una bailarina de ballet profesional mientras Niall estaba atento a la pantalla del ordenador. Al darme la vuelta en pleno giro vi a Eric en la puerta riéndose, debía de haber llamado y yo no me habría enterado. Me desequilibré y caí al suelo de espaldas, Eric dejó sus libros en la cama y se agachó para ayudarme a levantarme. Niall se acababa de dar cuenta de que Eric estaba ahí y que yo me había caído y quitó rápidamente la música, acto seguido se acercó a mí para ayudar a Eric a levantarme.
-El suelo y tú sois buenos amigos –me dijo riéndose, consiguió que Eric también se riera y le pegué un puñetazo con mi mano derecha en el hombro.
-Fuera de aquí –le ordené con el rostro lo más serio posible, pero una risa se me escapo al final.
-Sí, ama –respondió a la vez que cerraba la puerta y conseguía que acabásemos riéndonos.
Nos sentamos en la alfombra, y comencé a abrir mi carpeta para sacar mis apuntes.
-Me da envidia –dijo Eric sin venir a cuento de nada, yo comencé a mirar la habitación en busca de algo que pudiera gustarle y él comenzó a reírse- no vas a encontrar nada, lo que me da envidia es Niall.
-¿Niall? –pregunté sorprendida ¿por qué iba a tenerle envidia a él? Sí, era guapo, rubio, ojos azules, simpático, atento, cariñoso. Para mí era perfecto, pero Eric tampoco se quedaba atrás. Físicamente era su polo opuesto, moreno de piel, ojos verdes oscuros, pelo azabache y una dentadura tan perfecta que dejaba notar que en un tiempo atrás había llevado brackets. En cuanto a su personalidad, no lo conocía lo suficiente para definirlo, pero era educado y amable, no se veía mala persona.
-Por su relación contigo, os lleváis bastante bien y hace cuánto que os conocéis ¿cinco días? –hizo una pausa y continuó hablando-, yo nunca he tenido ninguna relación así con ninguna chica, ni con nadie.
-¿Qué quieres decir? –no entendía a donde quería llegar con eso, ¿quería que fuera su amiga?
-Que no tengo un pasado bonito, me gustaría tener una persona en la que poder confiar, nunca he sabido que es tener a alguien que te apoye, es más, nunca he tenido amigos.
-Pero, ¿por qué? –le pregunté preocupada.
-Espero que algún día te lo pueda contar.
No sabía que contestarle, este chico no se había mudado por casualidad, por cuestión de trabajo de sus padres o cualquier otro motivo parecido, se había mudado porque escapaba de su pasado. Me quede mirando fijamente los libros que estaban tirados en la alfombra, absorta en mis pensamientos.
-Y además le gustas. Se nota un montón –levanté la cabeza con rapidez para mirarlo a los ojos, sabía que estaba hablando de Niall.
La tarde del miércoles la pasamos viendo películas en mi habitación y comiendo palomitas y gominolas tumbados en mi cama, como dos niños pequeños. Cuando llegó la hora de dormir y yo ya estaba tumbada sobre mi cama, a oscuras, me puse a pensar cómo íbamos a ir al día siguiente al instituto, puesto que con el brazo así no podía conducir, y mis padres salían temprano de mi casa para ir a trabajar a San Francisco, a la clínica dental que dirigían allí.
-¿Niall? –lo llamé en un susurro para comprobar si aún estaba despierto.
-¿Qué? –respondió desde el colchón de abajo, nos habíamos cambiado las camas para que él no tuviera que subir la escaleras de la litera con el pie así.
-¿Te duele mucho el pie?
-No, ya puedo apoyarlo sin que me duela. Pero, ¿a qué viene esa pregunta?
-Mañana tenemos que ir andando al instituto. Bueno, mañana y todos los días –escuche como se movía abajo y se incorporaba, yo asomé mi cabeza por un lateral de la cama e intenté visualizarlo en la oscuridad.
-Pero, ¿está muy lejos? –dijo con tono preocupado.
-Nooo… pero bueno, tampoco está ahí al lado –le dije intentando calmarlo, creía que tendría que andar mucho con las muletas.
-¿Y tu hermano como se va todos los días?
-Ah bueno, el colegio está más cerca. Mark se va andando, tarda como 10 minutos en llegar. Yo antes iba andando al instituto con Morgan, pero comenzó a salir con un chico y dejó de juntarse con nosotras, de todas formas a mi me regalaron la furgoneta al poco tiempo y desde entonces ya no voy andando, creo que fue el curso pasado, sí.
-¿Morgan es la animadora?, ¿la corresponsal de Madison?
-Sí, esa es Morgan.
-Ah, parece simpática. Bueno, entonces iremos andando, no pasa nada –lo oí volver a tumbarse y yo volví a mi sitio, al cabo de un rato mis ojos se cerraron solos.
El despertador del móvil sonó más fuerte de lo que recordaba y lo apagué entre murmuros. Y entre murmuros me coloqué bocabajo y metí mi cabeza bajo la almohada apretando los ojos con fuerza y volviéndome a quedar dormida. Unos suaves golpes en mi espalda me despertaron minutos después.
-Nikki –susurraba Niall intentando despertarme, estaba de pie a mi lado, su cabeza estaba a la misma altura que la mía- vamos, que ya ha sonado el despertador.
-Eso ya lo sé, lo he apagado yo –le respondí en un hilo de voz sacando la cabeza para poder hablar y volviéndola a meter tras hacerlo. Él comenzó a reírse de mis palabras y lentamente acerqué mi brazo derecho al borde de la cama, para después, rápidamente, apoyar mi mano sobre su cabeza y agarrarlo de sus pelos rubios. Pegó un pequeño grito mientras se agachaba a la vez que se llevaba la mano hacia la cabeza para deshacerse de la mía, al ver que no lo soltaba y que se hacía daño volvió a ponerse de pie. Comencé a reírme bajo la almohada, más tarde saqué la cabeza de ahí y lo miré a los ojos.
-¡Vaya! ¡¿Pero qué tenemos aquí?! Es un… ¡hermoso peluche que habla! –mi risa se contagió de modo que él también comenzó a reírse, pero al momento se puso serio y con rapidez llevó su otra mano hacia mi cabeza, agarrándome también a mi del pelo -¡Aaah! Paz, paz, paz. Por favor. –le susurré mientras él se reía de mí.
-A la de una, a la de dos… y a la de tres –ambos nos soltamos rápidamente y comenzamos a reírnos.
-Tu jugabas con ventaja, tenías dos manos para dejarme calva –le dije poniendo la expresión de niña pequeña triste típica en mí.
-Ya… seguro que sí. Anda baja, que vamos a llegar tarde –saltó a la pata coja hacia la puerta del baño mientras yo bajaba las escaleras de la litera lo más rápido posible con el brazo escayolado, intentando llegar antes que él. Dio un portazo cuando aún me quedaban dos pasos por llegar.
-Te juro que no sé cómo no te has caído bajando las escaleras –sonó una voz desde dentro, y acto seguido esa risa suya tan peculiar.
-Eres un tonto –le dije riéndome. “Eres un tonto”, pero que frase más infantil, ni que tuviera cinco años. Él empezó a reírse más tras mi gran insulto.
-Sí, pero soy adorable –y tenía razón. Era un tonto adorable. Y además era tierno.


